Soneto de la ofrenda

Aquella cintura que es ofrenda inconfesada,

Delicia de silencios purgándose en la llama,

Atónita, apenas si intuye lo que clama,

Los dejos siniestros de una cólera encarnada.

 

Si es verdadero lo inexpugnable, y el espasmo

Aclara los lamentos y asuntos de la vida,

Pierde sentido el secreto inmenso de la ida

Y no hay páramo que iguale el pulso del orgasmo.

 

Nada hay de sutil entre la pausa y el capricho

De ideas a destiempo o de súbitas respuestas;

Más clara es la certeza de todo lo entredicho

 

Que el riesgo calculado de las viejas apuestas.

Cuando aquella cintura se ufana de lo dicho

Se reescribe el silencio de las cosas expuestas.